El Director de la Felicidad en la empresa. ¿Moda, tendencia o necesidad?

Desde hace ya algunos años ha surgido una nueva posición en las organizaciones, el Director de la Felicidad o Chief Happiness Officer (CHO). Algunos de los pioneros en implementar esta posición son Jenn Lim de Delivering Happiness, Chade-Meng Tan de Google y Alexander Kjerulf de WooHoo. Ellos, desde esta posición, han enfrentado el reto de mejorar los niveles de bienestar de las personas y logrado el éxito de sus organizaciones.

Apenas hace algunos años, podías escuchar de forma común las frases “los problemas se quedan en casa” o “vine a trabajar, no a hacer amigos”. Estas eran frases aceptadas en el medio empresarial en donde todo debía ser serio e impersonal, hablar de felicidad era para la casa o para el viernes con los amigos. 

Hoy, las cosas han cambiado drásticamente. Ya no se espera que las personas vivan dos vidas paralelas, la vida empresarial y la vida familiar. Se reconoce a la persona más como un ser integral y, aunque parezca que este cambio es muy pequeño, ha hecho una gran diferencia dentro de las empresas.

Contar con una persona responsable de la felicidad de las personas dentro de la organización, no es solo cambiar el nombre a la dirección de Recursos Humanos. Esta nueva idea intenta cambiar el enfoque de la organización de forma integral. Atraer a las personas correctas ya no es un tema en el que únicamente se deba tomar en cuenta el currículo o la experiencia previa, también las habilidades blandas y el tema cultural se debe considerar.

Siempre ha habido cultura en las organizaciones y siempre se ha hablado de clima laboral y de la responsabilidad de los líderes de generar un sano ambiente de trabajo. Pero, es hasta ahora que este tema toma mayor relevancia, en donde ya no se trata solo de integración o de trabajo en equipo, sino que toma tintes en los que se busca incrementar la resiliencia de las personas, la salud física y las relaciones positivas.

El mundo de la investigación también hizo un cambio de enfoque. Hace pocos años apareció la Psicología Positiva, con su padre Martin Seligman quien reunió a un grupo de psicólogos en Akumal, Quintana Roo, para intentar definir lo que sería la Psicología del futuro. En este encuentro, argumentaron sobre la importancia de no solo enfocarse en la patología o en eliminar lo que “no funciona” de las personas, sino en enfocarse en sus fortalezas y aprender a multiplicar aquello que les genera bienestar y provoca su “florecimiento”.

Históricamente, el enfoque hacia eliminar los errores, también se ha aplicado en los negocios. Las prácticas de “cero tolerancia a errores” o “buscar las áreas de oportunidad” son el pan de cada día dentro de las empresas. Con este enfoque, hemos construido culturas organizacionales en las que la primera ley de la supervivencia sale a relucir. En un ambiente en el que no es permitido equivocarse, las personas para “sobrevivir” aprenden a ocultar errores, a señalar y desconfiar de los demás y a esperar que den las 6 o 7 para salir corriendo del trabajo a un lugar “seguro”. 

En las últimas encuestas de Gallup, podemos encontrar que más del 86% de los trabajadores no son felices, mientras que las empresas que se han enfocado en crear y mantener una cultura de felicidad en sus organizaciones han logrado:

  • 51% menos rotación
  • 41% reducción en accidentes laborales

Ante esta realidad, las organizaciones se han visto en la necesidad de modificar su forma de ver al recurso humano, pasar de la visión de la administración de un “recurso” a la gestión de talentos y, ahora, a facilitar la felicidad de las personas. Es así como surge la necesidad de tener una Dirección de la Felicidad.

La principal función de esta reciente Dirección sobrepasa el rol de un gestor de talento para convertirse en un gestor de bienestar que impulsa, no solo un clima laboral sano, sino que propicia el crecimiento de las personas a través de incrementar sus niveles de bienestar y resiliencia. Facilita que tanto las instalaciones como la operación misma de la empresa permitan que las personas experimenten con mayor frecuencia estados óptimos, como el denominado por Mihaly Csikszentmihalyi, estado de FLOW, en el que las personas están tan enfocadas en lo que hacen que llegan a perder la noción del tiempo, o estados en los que se propicie la gratitud y las relaciones positivas. 

Por todo esto, el tener un Director de la Felicidad en nuestras empresas es más que una moda o una tendencia, es una necesidad básica que, por algún motivo, habíamos dejado de ver en el ámbito de los negocios. 

#CHO

#ExponentialHappiness

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